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Acompañando tu maternidad

Mejor sin niños

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Empiezo a escribir esto, casi con prevención, así que aviso. Esas líneas son sólo una reflexión, que no pretenden adoctrinar a nadie, ni son, ni de soslayo, una declaración de “buena madre” ni nada por el estilo. Es sólo que cuando se tiene tiempo, a veces, te dedicas a masticar algo que oíste hace tiempo, y te das cuenta de que lo tienes ahí y necesitas escribirlo para ordenarlo y para comprobar, tú también, si tiene algún sentido.

Y eso que oí-vi escrito hace tiempo, y que lo llevo masticando desde entonces es la recomendación de “mejor sin niños”.

A ver, que no se trata de que alguien me haya citado para una reunión de un comité de empresa, o de una junta directiva de un banco, o similar y me haya pedido que mejor vaya sin niños, no. Nunca he estado en una de esas reuniones, pero estoy casi segura que en sus citaciones no viene esta muletilla, porque “se supone”. No. Me refiero a una reunión de padres de alumnos, por ejemplo, o de profesores y padres, o de catequesis. Todas ellas con la excusa de hacer cosas “por el bien del niño, pero mejor sin niños”. Suena a aquello de “Todo por el pueblo, pero sin el pueblo”.

La recomendación o mejor, petición, es fácil de entender. Parte de la premisa de que los niños dan mucho el coñazo. Bueno, no. Que se aburren, y claro como son niños, pues luego se mueven y tal. Vamos, que dan el coñazo. Que digo yo, que ya que pedimos que no estén, seamos sinceros con lo que sentimos.

La cosa está tan extendida, que a mi me han llegado a preguntar si se puede asistir a una reunión de un grupo de apoyo para la lactancia con niños. Incluso, ya el colmo, una mujer llegó a decirme, al concertar una cita para una consulta de lactancia, que tal hora era mala, porque entonces tendría que traer al bebé; que digo yo, cómo narices voy a llevar una consulta de lactancia sin el lactante. Sólo falta que cuando pidamos hora para el pediatra, nos digan que mejor, sin niño, no vaya a ser que nos distraiga de lo principal.

El caso es que hay mucha gente que no puede evitar ir con niños. La mayor parte de las veces, es porque no tiene con quién dejarlos, y entonces se ven en la terrible necesidad de pedir disculpas por tener hijos, aunque la reunión sea, precisamente, para padres. Pero también hay veces que te encuentras con quien, simplemente, no le da la gana ir sin niño. Y mira, me parece bien. Y lo dice quien suele ir sin ellas.

Voy sin ellas ahora, claro. Que es cuando ellas rara vez quieren venir conmigo.

Yekuana-11_small1

El caso es que no puedo evitar pensar en el libro de Jean Liedloff,  El Concepto del Continuum; en su descripción de la relación de los Yekuana con sus hijos, Liedloff no dice nunca que los niños fueran molestos. De hecho, los niños no estaban con otros niños (no sólo), sino con niños de otras edades, y con adultos. Mientras no podían caminar por si mismos, en brazos de sus madres, y en cuanto podían hacerse cargo de pequeñas tareas, las hacían. Por supuesto, nadie en la tribu esperaba que un niño de 2 años terminase una tarea, pero se animaba a hacer cositas; y nadie pensaba que fueran molestos.

Eso me lleva a mi propia experiencia.

Cuando empecé con la cosa esta de La Teta, lo hice con mi comadre Raquel Balbuena. Yo creo que todavía estamos en la memoria de alguien, con nuestros hijos pequeños a cuestas, y llevando el material para dar un taller o charla; incluso amamantando mientras le dábamos al “Enter” de la presentación en power point de turno. Recuerdo un taller en concreto. Fue el taller que supuso la norma de “no más de 10 ó 12 personas por taller”, porque fue una locura. Nos invitaron en Valladolid, y se juntaron veintimuchas personas en un aula no muy grande; en la parte práctica (era un taller de portabebés) se hicieron un montón de grupitos, y Raquel y yo íbamos de uno a otro, dando instrucciones, corrigiendo nudos, etc. Nuestros hijos, entonces de dos y tres años, simplemente iban detrás de nosotras, entre aquella multitud de piernas, brazos y extremos de fulares, sin decir ni mu. En más de dos horas no pudimos hacerles caso, y ellos lo llevaron con la paciencia de quien sabe de qué va el tema.

Cuando di el salto a la tienda, la cosa cambió. Las niñas estaban poco tiempo en ella, y era porque, la verdad, era un coñazo tenerlas allí. La mayor nunca había venido conmigo a ninguna charla o taller (no había coincidido), y cuando entraba alguien se ponía a hablar en plan Pepito Grillo, y no me dejaba meter a mí baza, y la pequeña, en cuanto veía que me ponía con un cliente, me reclamaba y tenía que cogerla y darle teta. Imposible. Así que, “mejor sin niños”, se iban con mis padres durante mi jornada.

Profesion-de-padres

Pero, ¿qué hubiera pasado si en lugar de las charlas y los talleres, que la pequeña integró tan bien, y que sabía cómo debía comportarse, hubiera tenido una tienda desde el principio? ¿Qué hubiera pasado si mis hijas, las dos, hubieran pasado tiempo en mi lugar de trabajo desde su nacimiento? Ahora atiendo en casa, y la verdad es que no dan ningún problema. Es más: muchas veces me resultan de mucha ayuda.

Recuerdo hace (mucho) tiempo, vi un reportaje fotográfico sobre una inusual redacción de una revista de maternidad. En ella, las redactoras (todas mujeres) iban al trabajo con sus hijos, de varias edades. Había carritos, fulares, tetas, parquecitos… La revista salía a su hora, con todos sus contenidos y sin ningún problema.

¿Puede ser que al sacar a los niños de nuestras rutinas de adultos les hagamos unos inútiles a la hora de integrarse en nuestra vida diaria? Si ellos deberán ser algún día adultos, que ocuparán trabajos y tendrán esa misma rutina, ¿por qué los alejamos y sólo permitimos que estén con otros niños de su misma edad? ¿Son un coñazo por si mismos, o les hemos convertido en un coñazo a fuerza de alejarlos, inutilinándolos para convivir en nuestro mundo?

Que sí, que ya sé que es fácil mirar las cosas desde esta perspectiva “niño-centrista”, cuando te dedicas a lo que me dedico yo o a lo que se dedica mi marido, pero que otra cosa sería ir al banco y encontrarnos a la cajera dando teta mientras cuenta billetes, al encargado de la tramitación de hipotecas mirando de reojo a su churumbel en un parquecito con juguetes y a la directora acunando a su rorro en el cochecito.

Bueno, igual no era un mundo tan malo, ¿no?

3 Comentarios

  1. Me encanta tu punto de vista. Yo me he encontrado en la misma situación de tener que asistir a una reunión así “mejor sin niños”como casi todas las madres. Algunas veces los he llevado y otras no. Puedo asegurar que el problema no es de los niños si no de los padres/madres. Niños gritando llorando corriendo y sus mamás sin hacer nada al respecto. Se trata de respeto hacia otra personas y eso también lo tenemos que inculcar desde niños. Basta con salir un rato con ellos o prever la situación y llevar algo para que se entretengan. Niños si. Respeto también.

  2. Lo que yo me pregunto es, si los niños estuvieran acostumbrados a acompañar a los padres a las reuniones, ¿sabrían cómo comportarse? Si los padres estuvieran acostumbrados a hacerse acompañar por los niños, ¿sabrían cómo hacer para que sus hijos no se aburriesen? ¿O simplemente es que los niños no podrían estar nunca en una reunión de adultos? Pero es sólo una reflexión.

  3. Totalmente de acuerdo! Se olvida que los niños son los futuros adultos, y que evitando situaciones a las que se tendrán que adaptar de mayores, ya de golpe, les estamos privando de aprenderlo a su ritmo.

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