El Blog de La Teta y Más

Acompañando tu maternidad

La Magia del Círculo

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Estamos hablando mucho de magia, de la magia de las mujeres, de las madres.

Hemos tratado también esa magia primitiva, cuando el cuerpo femenino era venerado. Hablamos de los Círculos entonces. Y he reconocido que creo firmemente en la necesidad de tribu, aunque a veces la actual, lo que llamamos “sociedad” se dedique más bien a robarnos la magia que a conservarla.

Pero, ¿qué Círculos?

Al principio de mi actividad al frente de La Teta y Más esta locura mía que trata de ser un negocio, ideé una serie de actividades los sábados por la tarde para darle “vidilla” a la tienda.

Charlas de pañales, sobre parto, maternidad, portabebés,… y un Círculo de Mujeres.

En principio, la cosa era reunir un grupo de mujeres para hablar sobre su maternidad, pero sin saber muy bien hacia dónde iba a ir esa reunión. No sabía si la cosa iba a ir a más, no sabía ni si había mujeres interesadas en ese tipo de reuniones.

A aquel primer Círculo, que no tenía intención de ser mágico, fueron siete mujeres, conmigo ocho. Ocho mujeres a las que se han unido otras tres, y que en más de un año no han fallado ni una vez.

Pero el Círculo ha crecido, no sólo en número de participantes.

Se ha preñado de energía y de magia.

Ha creado una conexión entre nosotras que parece imposible. Y eso que aparentemente tenemos poco en común: somos distintas en carácter, en formación y opinamos de manera diferente en muchas cosas. Sólo nos acercó en un primer momento nuestra manera de entender la crianza de los hijos, y ahora, el firme convencimiento de que somos mujeres poderosas y perfectas.

Hace meses ya que soy consciente de ello, que empecé a creer, no sólo en la magia (en eso ya ha quedado claro que creo desde hace mucho) sino en las energías que concentra un Círculo de Mujeres. Esa sensación de irnos a casa con las pilas cargadas, dispuestas para luchar un mes más hasta el siguiente Círculo.

Porque llegas cansada de ser la rara, de discutir sobre todas las cosas, o de poner buena cara para no hacerlo (eso depende del carácter de cada una), o de lidiar contra las propias inseguridades, y llegas al sitio donde nadie juzga, donde se comparte, donde puedes ser tú sin renunciar a nada, sin pudores y sin explicaciones.

Y entonces, cuando todas somos nosotras mismas porque sabemos que podemos serlo sin pedir permiso, es cuando comienza a emerger la luz, la magia, en forma de energía. Se desprende, llena la habitación, ilumina nuestras caras, nuestros ojos. Cada poro de nuestra piel brilla.

Y luego ellas se van, y yo me quedo un rato en esa habitación, en mitad del suelo de la tienda, ya recogida, respirando esa energía que me llena y me alimenta 4 semanas.

Una de estas maravillosas mujeres está preñada. No sólo de luz y de magia, sino de la vida de otra mujer, Cova.

Precisamente por eso, celebramos un ritual para reunir energías para su nacimiento. Y esto fue un Círculo “extraordinario”.

Extraordinario, no sólo porque fue aparte del Círculo “ordinario”, sino porque lo que ocurrió allí nos dejó a todas maravilladas de la energía del Círculo, que ya nos ha trascendido a nosotras mismas.

Cada momento fue mágico y único. Hubo lágrimas y carcajadas. Caricias, besos, conexión, luz. Más que nunca once (doce) mujeres se cogieron de la mano y compartieron su magia para llenar cada poro de la que espera, de una energía que la va a acompañar y a guiar lo que le resta de preñez y en su parto.

Y la vimos. Hasta la más escéptica de nosotras la notó y la vivió. Esa magia, esa energía que fluía del centro mismo del Círculo.

Cuando lloramos todas por una canción, unas por lo vivido y otras por lo que ellas vivieron.

Cuando cargamos la piedra con nuestra energía, tocándola y pasándola de una a otra.

Cuando hicimos el collar para el parto, perfecto a pesar del azar.

Cuando salió la vela en el color perfecto.

Cuando cada regalo, hecho por cada una de nosotras, resultó ser el regalo perfecto, lo que nuestra amiga necesitaba.

Cuando nos cogimos de la mano y volvimos a llorar, emocionadas, embargadas y preñadas como Rosa, de una energía blanca que surgía del centro mismo de nuestros cuerpos.

Cuando sonreímos hasta con las orejas al volver a mirarnos.

Cuando probamos las viandas.

Cuando caminamos hacia el lugar de la comida, mirando, cómplices, a nuestros hijos.

Cuando compartimos la comida, la conversación (siempre los mismos temas, siempre diferentes) y los juegos de los niños.

Cuando nos despedimos, con abrazos, con caricias, con sonrisas, con promesas, con ilusiones de panza llena.

Cuando volvimos a casa y recordamos cada minuto y lo compartimos con las ausentes, que también estaban presentes en cada paso del ritual, en cada color, en cada olor, en cada sentimiento.

Cuando días más tarde seguimos hablando de ello, embriagadas aún  de energía, repletas de la misma emoción y más conscientes que nunca de la perfección del ser mujer, de la perfección de un Círculo que ya tiene personalidad propia, que nos acoge y nos demuestra nuestro poder.

 

 

 

Ya he dicho que el Círculo se ha “creado” sólo. Es así.

El día del Ritual por el nacimiento de Cova, la compañera que guiaba el Círculo, Neli, me dijo “esto es lo tú has creado”.

No.

Yo cedí el espacio para que once mujeres se reunieran. El Círculo se ha creado solo.

Yo ni soy el centro del Círculo ni estoy en él;  no gira en torno mío. El Círculo no tiene centro, y aún así (o a lo mejor precisamente por eso) es perfecto.

Son las mujeres que lo forman, todas y cada una de ellas, quienes proyectan su energía vital, su magia femenina, quienes le otorgan vida. Y yo soy sólo una más.

Sólo y tanto.

Cuando se nos concedió el premio al Comercio Innovador, me dijeron que tenía que hablar sobre lo que era La Teta y Más, en unos pocos minutos.

Nunca me preparo las cosas. Hablo como escribo, del tirón, sin correcciones. No me avergüenza decir que se me da bien hacerlo. Precisamente por eso no sabía muy bien qué iba a decir en aquél discurso.

Comencé hablando del negocio, y hay un momento en que todo se fue hacia ellas. Dije algo así como

“La Teta y Más comenzó siendo un proyecto de una loca, y ha terminado siendo un Círculo de Mujeres, que me blindan y me apoyan”. Y es cierto.

Cuando las mujeres se unen en Círculos se olvidan prejuicios. Sobre todo ese absurdo y que me sienta tan mal de que las mujeres somos nuestras propias enemigas. Y es que de tanto repetir que somos unas víboras nos lo hemos creído.

Cuando nos olvidamos de las etiquetas, cuando dejamos de sentir como propias las absurdas estupideces que nos han colocado donde lo han hecho, cuando recordamos quiénes somos, y nos reconocemos en las otras, entonces recogemos la magia, la concentramos y la multiplicamos, porque le damos un sentido, nuestro sentido.

Cuando nos unimos sin juzgarnos, cuando sabemos que podemos ser nosotras mismas sin ambages ni velos, cuando no hablamos de género sino de sexo, descubrimos a la otra y a través de ella a nosotras mismas.

Cuando olvidamos las tallas, las expectativas; cuando nos desnudamos para aullar a la luna, nos unimos a la madre tierra a través de las manos de la mujer que tenemos al lado, y nos descubrimos perfectas.

Y con lo de desnudarnos no me refiero a quitarnos de verdad la ropa, ni pretendo que nos pongamos en serio a aullar a la luna.

Pero cuando encontramos nuestro Círculo, cuando hallamos la tribu en la que queremos estar y con la que queremos compartirnos a nosotras mismas, entonces nos podemos liberar de todo aquello que no nos pertenece, podemos descubrir nuestro lado más animal y visceral, llorar y reír sin avergonzarnos, sin el pudor de quien no está seguro de ser comprendido.

Y en ese momento, ahí justo, es cuando nos volvemos absolutamente libres. Libres sin buscar la libertad en la oposición del compañero. Libres sin luchas ni comparaciones. Somos nosotras, ni más ni menos.

Sin “ismos”, sin buscar igualdades porque nos enorgullecemos de nuestras diferencias. Sin etiquetas ni lugares comunes. Sin querer ser otra cosa más que lo que somos. Orgullosas de nuestras canas, de nuestras arrugas, de los kilos de más o de menos.

Totalmente libres para ser totalmente felices.

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