El Blog de La Teta y Más

Acompañando tu maternidad

Hablo por mi, y sólo por mi

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Hace días que las redes son el escenario de un agrio debate sobre si las Asesoras de Lactancia deben o no cobrar. Y como hay un trozo de la cuestión que me toca, voy a aclarar cosas, sobre todo porque entre lo último publicado (disculpad, pero es que no voy a compartir enlaces, porque me parece que ya hay bastante, que cada uno publique lo suyo) creo que hay algo que va totalmente contra quienes ejercen su actividad de la manera más ética posible, y esto va a perjudicarlas y de paso, a las mujeres que han confiado en ellas y ahora no sabrán qué pensar. Porque al final eso es lo que importa: las mujeres y sus hijos.

Como vivimos en el país de las titulitis, voy a referirme primero al famoso “Título de Asesora de Lactancia”. Voy a volver a recalcar algo que repito más que el chorizo: no existe ningún título oficial en España que reconozca a nadie como asesor o asesora de lactancia. Hay formaciones de doulas o de asesoras de maternidad (que tampoco son oficiales) que recogen en sus temarios cuestiones sobre lactancia materna. Hay asociaciones de grupos de apoyo que ofrecen, para sus voluntarias, formaciones para que ejerzan su voluntariado. En España, como en muchos otros países, se celebra una vez al año, un examen para acreditarse como ibclc, que es una certificación internacional, pero que tampoco tiene ninguna validez legal real. Y luego la federación que aglutina a  las asociaciones de grupos de apoyo, tiene una formación de la que quien la hace, sale con el título de Asesora de Lactancia, para ejercer de manera voluntaria al amparo de cualquiera de esas asociaciones. Una vez más, no tiene acreditación legal ni por parte del Ministerio de Educación, ni por parte del Ministerio de Sanidad.

Si hacemos historia, hasta 1923, en este país, no había un título legalmente reconocido para ningún sanitario no médico que asistiera partos. Fue entonces cuando los Auxiliares Técnicos Sanitarios se pudieron acreditar, legalmente, para asistir el parto normal. En casa de mis abuelos todavía está colgado el diploma de mi abuelo Terenciano, en el que se acreditaba como tal: “Se acredita a D. Terenciano García Zamora como Auxiliar Técnico Sanitario acreditado para la asistencia del parto normal. A (no me acuerdo la fecha exacta, lo siento) de 1923. D. Alfonso XIII Rey”.  Hasta entonces, quienes asistían a la mujer de parto podían ser desde el médico del pueblo, si lo había, hasta el veterinario, pasando por vecinas, amigas, cuñadas, o tu madre.

Vale, ahora voy a hablar por mi, y sólo por mi.

Yo soy voluntaria en una asociación de grupos de apoyo. Tiene su propia formación para sus voluntarias, y yo no hice nunca ninguna otra formación “oficial”. A pesar de que desde el principio de mi lactancia tuve claro que quería ejercer como voluntaria en esa asociación, las escasez de formadoras hizo que la cosa se alargara mucho. Cuando por fin pude empezar, yo ya había iniciado mi auto-formación. Busqué, hablé con iblcl’s, hablé con madres con problemas y seguí buscando, investigando. Cuando me trababa con algo, acudía a alguna “amiga de la red” con más sabiduría y experiencia que yo, que me ponía en el buen camino para seguir investigando. Es una dinámica que aún hoy, no he abandonado. Aunque tuviera un título “oficial” no me permitiría a mi misma quedarme en esa especie de “funcionariado” del que se cree que ya lo sabe todo. El caso es que cuando por fin empecé mi formación como voluntaria insistí en que mi formadora me ayudara sobre todo a actuar de manera tal que no mezclara ambos mundos: el del voluntariado con el profesional remunerado, que yo ya había comenzado. Era una cuestión de deontología profesional. Tuve incluso un pequeño problema que me hizo plantearme mi voluntariado, porque no quería que la asociación a la que pertenecía se viera afectada, y por supuesto, no quería que ninguna madre creyera erróneamente  que una voluntaria cobra. Hice ejercicios, y discutí mucho, mucho con mi madrina (y aquí empleo el término discusión, como  intercambio de ideas para avanzar juntas, no un encono absurdo, como el que estoy viendo por ahí). Y otra cosa: la formación de mi asociación la pagué, por supuesto, pero no me pareció cara, ni me resulta gravoso seguir con ellas, porque, aunque somos poquitas en mi comunidad autónoma, nos llevamos bien, y entendemos los problemas y limitaciones de cada una, así que los viajes que hacemos, que son para vernos, los hacemos en función de esos problemas.

Yo no me he pagado formación destinada a voluntarias, sino módulos en formaciones internacionales on-line, porque no tengo disponibilidad para hacerlas presenciales, o con gente de mi entera confianza de la que sé que puedo aprender, no sólo materia nueva, conocimientos nuevos que me hagan crecer, sino una forma ética de hacer las cosas. Y si no puedo pagar a esas personas, les propongo un trueque. Y si no, me espero a poder pagarlas.  Y no hago esas formaciones para poner un título en la pared, porque soy consciente de que me daría igual, porque no existe ningún título oficial que reconozca a nadie en este país como Asesor de Lactancia. Las hago para poder ofrecer a las mujeres que atiendo cada vez más conocimientos y por lo tanto, más opciones.

Y si cobro, no es porque espere recuperar mis “inversiones” en esas formaciones, sino porque quiero dedicar todo mi tiempo a este trabajo, aunque no gane mucho dinero. Si lo hiciera sólo de forma voluntaria tendría que buscar otro trabajo que probablemente no me llenase más que el tiempo que le puedo dedicar a una mujer.

Y además, sigo ofreciendo mi voluntariado, que además enriquezco con mis propios conocimientos, pero que ejerzo siguiendo las normas que impone mi asociación para ejercerlo.

Decir que quien quiere dedicarse a esto se aprovecha de que una mujer puede estar tan desesperada que pagaría aun a quien no debe cobrar es, por un lado, desacreditar a las asesoras que ejercen de manera responsable y con una ética intachable; por otro, liar aún más a las madres que pueden no tener un grupo de apoyo cerca, o puede ser que no quieran acudir a uno (yo tuve una clienta que le daba vergüenza ir a un grupo de apoyo, prefería pagar, y estar sola con alguien a quien contar cosas que jamás contaría en un grupo o a una voluntaria, y es su libertad). Puede ser que la que ya ha acudido y pagado a una asesora ahora se sienta mal, y sienta que hay algo que no ha hecho bien y vuelva a tener problemas. Y sobre todo, es una muestra de paternalismo hacia la mujer que busca y decide. Y algo muy sencillo de decir por parte de un sanitario o una matrona, el criticar a alguien porque cobra por dar su tiempo cuando ellos cobran al final de mes una nómina.

En fin, que no quiero contribuir a la polémica, porque de hecho, no creo que deba haber polémica. Creo que todos deberíamos remar en la misma dirección, que es mejorar el cuidado de madres y niños y crecer todos. Pero ya que nos ponemos a descalificar, por lo menos que quien ha decidido llamarme para que las acompañe esté tranquila con la elección que ha tomado.

2 Comentarios

  1. Todo clarito y cristalino, como siempre!
    Lucía y yo encantadas de haberte tenido en casa asesorándonos con la lactancia hace… Año y medio ya!!!
    Y oye, no fue del todo mal la cosa, después del tiempo… Seguimos lactando!

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