El Blog de La Teta y Más

Acompañando tu maternidad

Carta de una madre a su pareja

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Me veo de nuevo ante la pantalla del ordenador para escribir una carta. Esta vez, no se trata de una carta a una madre, sino a su pareja. Y lo hago por varias cosas.

Primero, porque realmente creo que es necesario. De hecho, cuando una mujer me pide que la acompañe en su embarazo, la mayor parte de las sesiones son conjuntas con la pareja, y al menos una de ellas es sólo con el padre (he empleado el término “pareja”, porque entiendo que, aunque la mayor parte de las veces, es un hombre, hay parejas, que van a tener un hijo biológico,  integradas por dos mujeres). Realmente creo que es importante, porque pedimos que nuestra pareja se implique en el proceso a un nivel en el que, culturalmente, al menos en el caso de los hombres, hasta hace bien poco eran excluidos.

Pero es que además, alguna queja he recibido, una concretamente en forma de comentario, por este párrafo:

“”No, mujer.  Es nuestra responsabilidad. Y probablemente lo más duro de la maternidad sea esa certeza: que es nuestra responsabilidad. Somos, junto con nuestras parejas, quienes tenemos pareja, las responsables de la crianza, de la salud y de la felicidad de las criaturas que decidimos traer al mundo. Pero nosotras. Nosotras somos quienes debemos decidir si teta o biberón, si colecho o habitación de al lado, si brazos o carrito; nadie más. Y nadie más tiene derecho a decirnos que lo que estamos haciendo está mal, al menos desde el juicio y la prepotencia de quien lo único que parece querer es que le den la razón.”

Al parecer nadie ha reparado en la frase “somos, junto con nuestras parejas, quienes tenemos pareja…”, y se ha centrado en lo otro.

Bien, pues para que quede claro lo que yo, una madre con pareja, cree que es importante que un padre/madre sepa cuando su compañera espera, escribo esta carta:

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Querido padre/madre, pareja de una mujer que espera.

Tienes por delante una larga carrera de fondo que sólo acaba de empezar, en la que el mayor obstáculo que tendrás que salvar será la incertidumbre. Porque todo el mundo tiene claro (o parece, que luego, no te creas) el papel de tu compañera, pero nadie parece saber decirte qué pintas tú en todo esto.

Te diré que tu papel es fundamental, pero no el que crees o esperas que te digan que es: tu papel es defenderla a ella y a la unidad que va a ser junto con vuestro hijo. Eso lo primero. Y te advierto que es muy difícil, porque todo el mundo va a ir a meterse en cada una de sus decisiones. Y sí, digo de “sus” decisiones, y de verdad que lo siento, pero es que no son las tuyas.

Entiendo que la decisión de tener al bebé que ahora esperáis es de los dos; ambos vivís en pareja, sois conscientes de las responsabilidades y, si eres hombre, seguro que estás ya lejos de los roles machistas de nuestros padres, y estás deseando tomar parte activa en todo el proceso. Lo entiendo. Pero lo cierto es que el embarazo es sólo de tu compañera.

Te voy a decir algo que mucha gente no entiende.

El embarazo, para ti, es la consecuencia del sexo (si nos ponemos puristas en lo más estrictamente biológico), pero para tu compañera es parte de su vida sexual, tanto como el acto que ha llevado a que se quede embarazada. Y lo mismo pasa con el parto y con la primera crianza, en la que entran las decisiones de si se da teta o biberón, si se duerme con el bebé o en la habitación de al lado.

Para que te hagas una idea: un parto fluye tanto mejor cuanto más similares sean las circunstancias a las de una noche de buen sexo. La intimidad, la luz tenue, hacen que el parto fluya igual que el sexo lleva al orgasmo; pero el jaleo, la luz, los miles de personas que te miran y te hablan,…. ¿te imaginas tú intentando hacer nada con ese panorama?

Por otra parte, cada una de las intervenciones que se hagan en esos procesos se hacen sobre el cuerpo de tu compañera, no sobre el tuyo. Cada tacto será una mano que se mete en la vagina de ella, y créeme que nadie dirá que, para que empatices, cada vez que eso ocurra a ti te harán un tacto rectal, porque no es así: tú te libras.

Y cuando llega la hora de decidir si el bebé va a ser amamantado o se le va a dar leche artificial, no olvides que, la lactancia también forma parte del ciclo sexual de las hembras mamíferas, una fase igual de sexual que menstruar, copular, gestar o parir, y ya que es una cuestión de su vida sexual es ella quien debe decidir.

Te digo, por experiencia propia, que cuando decides amamantar y desde fuera se te quita la posibilidad de hacerlo, se te forma una herida muy difícil de cicatrizar, así que mejor no te metas.

Querida pareja de la mujer que espera.

Habla mucho con ella. Habla de lo que deseáis, pero sobre todo, de lo que desea. Procura entenderla, porque cuando llegue el momento te va a necesitar. Porque si el parto empieza a no parecerse a lo que ambos sabéis que ella quería, no va a estar en condiciones ni físicas ni emocionales para reclamar su espacio. Porque justo después del parto va a estar más susceptible y perdida, y muchas veces se sentirá inútil y sobrepasada. Y si en esos momentos no puede contar contigo tal vez crea que no podrá hacerlo jamás.

Protégela, porque hacerlo es proteger a tu hijo, y mientras ella se fortalece para colaborar también en esa tarea, te corresponde a ti.

Y mientras, no creas que dar un biberón es la única manera de colaborar; dar un biberón es fácil y no quita ningún trabajo. Tu hijo te necesita y tu compañera también. Tu hijo necesita saber que estás ahí siempre, y necesita que le cambien y le acaricien tanto como que le alimenten, y son cosas que podéis hacer los dos.

Y es un buen momento para demostrar que te ha quedado claro aquello de que las tareas de la casa son cosas de los dos: ahora son todas tuyas, porque tu compañera está a otra cosa.

Administra las visitas, invita a la gente a irse cuando empiecen a ser impertinentes, y no olvides que una frase tuya puede marcar la diferencia. Todavía hoy, casi 7 años después de mi segunda maternidad, recuerdo a mi compañero diciéndome “decidas lo que decidas sabes que estaré aquí siempre”. Y puedo asegurar que nunca me he sentido mejor, ni le he sentido tan cerca.

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